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BIOGRAFÍA  
 

Una pregunta sobre Llegó el tiempo de las cerezas.
Por favor, explica con detalle, como surgió la idea de escribir este libro. Nos interesa mucho cualquier experiencia o suceso que haya ocurrido durante la investigación, elaboración o proceso de publicación:

El paso del tiempo es una idea obsesiva a partir de “cierta edad”. Ese momento de la vida que suele coincidir con la pérdida de la juventud, cuando te asaltan los recuerdos y te abruman las comparaciones con la gente de tu edad. De todo hace ya tanto tiempo… Desaparecen personas queridas. Eres consciente de las pérdidas, de la fragilidad de la memoria y del vértigo que producen las incertidumbres del futuro. Aprendes que las cosas ya sólo se pueden hacer un número limitado de veces y empiezas a contar. Te empeñas en combatir las huellas que va dejando en tu cuerpo el paso de los años, en un intento de prolongar la vida hasta el límite de lo imposible. Por suerte, suele llegar el día en el que descubres la armonía entre la incertidumbre y la esperanza. Todo se va matizando y  aprendes a vivir las contradicciones con naturalidad. Pierdes el miedo y ya eres capaz de dormir plácidamente.

Tengo varios estantes de mi biblioteca repletos de ensayos, novelas, poemas, películas, canciones, entrevistas con celebridades y referencias diversas sobre la obsesión por el paso del tiempo. Muchos hablan del poder liberador de la edad que, a pesar de los surcos que va dejando en la cara, proporciona una belleza más serena y redime de cierta esclavitud.

Compartir la edad une mucho, es un elemento aglutinador. Por eso cuando, anárquicamente, veo, escucho o leo a Paul Auster, Murakami, Iñaki Gabilondo, Landero, El Roto, Angelica Huston,  Rosa Montero, Bruce Springsten, Millás, Harvey Keitel, Meryl Streep, Richard Geere, Susan Sarandon, Spielberg, Michele Bachelet, Paco de Lucía, Paloma Picasso, Jessica Lange,  Sabina, Serrat…  creo que, en cierto modo, somos coetáneos y hemos vivido situaciones similares.
 Mi propósito es transmitir lo que he aprendido de muchos de ellos. 

Hay, sin embargo, una frase recurrente que aparece a lo largo de la novela: “La mejor almohada para dormir es aquella que está llena de buenos recuerdos”. La frase es la herencia que le dejó su madre a  Al Lewis, un viejo actor neoyorquino que la repite ante las cámaras con 96 años y una sonrisa. Este actor fascinante murió poco después con su memoria intacta y llena de buenos recuerdos. ¿A quién no le gustaría  dormir en esa almohada tan mullida? En definitiva, a todos nos gustaría morirnos tan vivos.

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